lunes, 16 de febrero de 2009

Fiesta de disfraces

Sonríe cuando me ve aparecer. Le devuelvo la sonrisa, amplia pero fingida, porque su "amistad" me viene de rebote y hay que mantener las formas, que para eso somos gente civilizada. Proclama a los cuatro vientos su pasión por esta religión del siglo XXI que comprende, acepta y respeta la naturaleza cornuda de las vacas. Ignoro si va a misa o si comulga los domingos así que, por las dudas, yo me limito a asentir con la cabeza; en estas cuestiones la lengua se me enreda y no soy la más indicada para abrir la caja de Pandora. Está claro que el amor y la infidelidad nada tienen que ver con coger el transporte público de vez en cuando, pero si algún día coincidimos en este autobús, lo más probable es que no te levantes para cederme el asiento.

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